A veces no necesitas más respuestas.
Necesitas mejores preguntas.

Las preguntas que nacen del miedo te bloquean.
Las que nacen de la conciencia te abren.

Pregunta que limita: “¿Por qué siempre me pasa esto?”
Pregunta que expande: “¿Qué puedo aprender de esto?”
Pregunta que profundiza: “¿Para qué me está pasando esto?”

Porque no es lo mismo preguntarte qué que para qué:

“¿Qué puedo aprender?” te muestra el contenido de lo que vives: patrones, límites, verdades que necesitan ser vistas.

“¿Para qué me está pasando esto?” te muestra el propósito: hacia dónde te quiere mover la vida, qué versión tuya quiere despertar, qué cambio te está pidiendo esta experiencia.

Cuando surge una emoción, no la tapes ni la luches.
Siéntela, obsérvala y déjala pasar como una ola —unos 90 segundos—.
Y desde ahí, pregúntate:

“¿Qué puedo aprender?”
“¿Para qué me está pasando esto?”

Ahí empieza la claridad.
Ahí termina la reacción y aparece la dirección.

Cada emoción es información pura sobre ti.
Cuando sueltas la historia mental y escuchas lo que realmente sientes, tomas decisiones más conscientes, te mueves desde tu verdad y empiezas a vivir más libre, más presente y más en ti.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *